Emerging Plasticizers: Assessing Toxicity and Environmental Risks

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Plastificantes emergentes: evaluación de la toxicidad y los riesgos ambientales

Plastificantes emergentes: evaluación de la toxicidad y los riesgos ambientales

El mercado global de plastificantes ha experimentado cambios significativos debido a las prohibiciones regulatorias y la creciente preocupación por los efectos nocivos de varios plastificantes de ftalatos. Con proyecciones que sugieren que el mercado crecerá de 17 mil millones de dólares en 2022 a 22,5 mil millones de dólares para 2027, los plastificantes alternativos han cobrado importancia como sustitutos de los ftalatos convencionales. Sin embargo, a pesar del creciente uso de estas alternativas, existen datos limitados sobre su toxicidad, impacto ambiental y efectos a largo plazo sobre la salud. Este ensayo revisará el conocimiento actual sobre los plastificantes emergentes, centrándose en sus riesgos potenciales, vías de exposición, consecuencias ambientales y la necesidad de estudios científicos más exhaustivos. Además, enfatizará la importancia de evitar sustituciones lamentables y asegurar el desarrollo de productos químicos más seguros.

El cambio hacia plastificantes alternativos

El uso generalizado de ftalatos en diversas industrias, como la de plásticos, recubrimientos y dispositivos médicos, ha suscitado preocupación debido a sus posibles propiedades disruptoras endocrinas y sus efectos ambientales adversos. En respuesta, las agencias reguladoras de varias regiones, como la Unión Europea y Estados Unidos, han impuesto restricciones a ciertos ftalatos, en particular los clasificados como disruptores endocrinos (EDC). Esto ha impulsado el desarrollo y la comercialización de plastificantes alternativos, diseñados para ofrecer propiedades funcionales similares sin los riesgos para la salud asociados.

Entre los plastificantes alternativos actualmente en uso, destacan el citrato de acetil tributilo (ATBC), el diisononil ciclohexano-1,2-dicarboxilato (DINCH), el fosfato de tris-2-etilhexilo (TEHP), el tereftalato de bis-2-etilhexilo (DEHT) y el trimelitato de tris-2-etilhexilo (TOTM). Estos productos químicos están diseñados para cumplir con las normas regulatorias y ofrecen mejores perfiles ambientales y de seguridad. Sin embargo, la evidencia reciente sugiere que muchos de estos plastificantes podrían no ser tan inocuos como se creía inicialmente, lo que genera preocupación por su posible toxicidad y persistencia ambiental.

Toxicidad de los plastificantes emergentes

Aunque los plastificantes alternativos se comercializan como opciones más seguras, estudios recientes han destacado sus posibles efectos tóxicos. Por ejemplo, se ha descubierto que compuestos como ATBC, DINCH, TEHP y TPHP poseen propiedades disruptoras endocrinas, similares a las de los ftalatos. Los disruptores endocrinos interfieren con las vías de señalización hormonal, lo que provoca anomalías del desarrollo, la reproducción y el sistema neurológico tanto en humanos como en la fauna silvestre. El potencial disruptor endocrino de estos compuestos subraya la necesidad de un enfoque más cauteloso en su uso.

Además, plastificantes como el adipato de bis-2-etilhexilo (DEHA), el adipato de diisobutilo (DIBA), el sebacato de bis-2-etilhexilo (DOS) y los ésteres de fosfato han mostrado toxicidad para las especies acuáticas. La persistencia ambiental de estas sustancias químicas, sumada a su capacidad de bioacumularse en los ecosistemas acuáticos, plantea inquietudes sobre su impacto ecológico a largo plazo. La bioacumulación se refiere al proceso mediante el cual las sustancias químicas se acumulan en los tejidos de los organismos con el tiempo, lo que conduce a concentraciones más altas a medida que se asciende en la cadena alimentaria. Se ha demostrado que los ésteres de fosfato, por ejemplo, experimentan tanto bioacumulación como biomagnificación en ambientes acuáticos, pero los datos sobre otros plastificantes emergentes siguen siendo escasos.

Potencial de sustitución lamentable

Una de las preocupaciones más apremiantes en la transición hacia plastificantes alternativos es el riesgo de una "sustitución lamentable". Este término se refiere a la sustitución de una sustancia química peligrosa por un sustituto que, si bien inicialmente se percibe como más seguro, en última instancia presenta riesgos similares o incluso mayores. En el caso de los plastificantes emergentes, la falta de datos exhaustivos sobre toxicidad y medio ambiente plantea la posibilidad de que estos sustitutos no ofrezcan los beneficios de seguridad que se pretendían proporcionar.

Por ejemplo, algunos plastificantes, como los derivados de aceites vegetales o adipatos, se introdujeron como alternativas ecológicas con menor toxicidad. Sin embargo, estudios han demostrado que estos compuestos tienen valores de log Kow (coeficiente de partición octanol-agua) similares a los de los ftalatos. El log Kow es una medida importante del potencial de bioacumulación de una sustancia química. Con valores que oscilan entre 4,3 y 14,8, muchos de los plastificantes alternativos presentan propiedades de bioacumulación comparables a las de los ftalatos tradicionales (log Kow de 7,5 a 10,4), lo que genera preocupación por sus efectos ambientales a largo plazo y su potencial exposición humana.

A pesar del optimismo inicial en torno a estos plastificantes emergentes, su potencial para perturbar los ecosistemas y acumularse en los organismos vivos exige pruebas más rigurosas. Es necesaria una evaluación exhaustiva de estos compuestos para prevenir consecuencias imprevistas y garantizar el desarrollo de alternativas realmente más seguras.

Impacto ambiental y falta de datos

El impacto ambiental de los plastificantes emergentes es un área de creciente preocupación, especialmente dado su creciente uso en productos de consumo. Se ha descubierto que muchos de estos compuestos persisten en el medio ambiente, con una degradación limitada con el tiempo. Se ha demostrado que los ésteres de fosfato, en particular, se bioacumulan en especies acuáticas, lo que podría provocar efectos tóxicos a lo largo de la cadena alimentaria. Si bien los ésteres de fosfato han sido objeto de algunos estudios de bioacumulación, aún existe una importante brecha en la literatura sobre el potencial de bioacumulación de otros plastificantes alternativos, como los adipatos, sebacatos y tereftalatos.

Estudios de campo han demostrado que los ésteres de fosfato pueden bioacumularse y biomagnificarse, procesos que podrían conducir a mayores concentraciones de compuestos tóxicos en los depredadores superiores. Sin embargo, para muchos otros plastificantes alternativos, se carece de datos de campo para evaluar su persistencia ambiental y su impacto ecológico a largo plazo. Dado el uso generalizado de estas sustancias químicas, es crucial realizar más investigaciones para comprender su comportamiento ambiental y los posibles riesgos para la vida silvestre y los ecosistemas.

Plastificantes emergentes y exposición humana

La exposición humana a los plastificantes se produce a través de diversas vías, como la ingestión, la inhalación y la absorción dérmica. Los plastificantes son omnipresentes en productos de consumo como envases de alimentos, juguetes y dispositivos médicos, lo que dificulta evitar la exposición humana. Si bien existen datos sustanciales sobre las vías de exposición y los efectos de los ftalatos en la salud, la información similar sobre los plastificantes emergentes sigue siendo limitada. Esta falta de datos dificulta la evaluación de los posibles riesgos para la salud que plantean los plastificantes alternativos y subraya la necesidad de mayor investigación.

Un aspecto crucial para comprender los riesgos para la salud de los plastificantes es su metabolismo en el cuerpo humano. Los estudios metabólicos proporcionan información sobre cómo se procesan y eliminan las sustancias químicas del cuerpo, así como sobre su potencial para causar daños. Sin embargo, existe una notable falta de datos metabólicos sobre los plastificantes emergentes. Esta brecha en el conocimiento dificulta los esfuerzos para evaluar la seguridad de estos compuestos y exige estudios más exhaustivos sobre su biotransformación y toxicocinética.

Alternativas más seguras y la necesidad de medidas regulatorias

Si bien algunos plastificantes alternativos, como el aceite de soja epoxidado (ESBO), el acetato monohidrogenado de aceite de ricino (COMGHA) y el triacetato de glicerina (GTA), se consideran más seguros o menos tóxicos, el panorama general de las alternativas a los plastificantes sigue siendo incierto. Es fundamental que los organismos reguladores tomen medidas proactivas para garantizar la seguridad de estas sustancias químicas antes de su adopción generalizada. Una acción regulatoria oportuna, basada en evidencia científica rigurosa, puede ayudar a prevenir la contaminación generalizada y los riesgos para la salud asociados con sustitutos potencialmente peligrosos.

Además, el desarrollo de plastificantes más seguros requiere un protocolo científicamente sólido para evitar sustituciones perjudiciales. Este protocolo debe incluir pruebas exhaustivas de toxicidad, evaluaciones de impacto ambiental y estudios a largo plazo sobre bioacumulación y exposición humana. Al seguir este protocolo, los fabricantes y los organismos reguladores pueden garantizar que los plastificantes alternativos no presenten los mismos riesgos que sus predecesores.

Conclusión

La transición de los plastificantes ftalatos a alternativas emergentes se ha visto impulsada por presiones regulatorias y preocupaciones sobre la salud humana y ambiental. Sin embargo, la escasez de datos sobre la toxicidad, la exposición y el impacto ambiental de estos nuevos compuestos plantea importantes dudas sobre su seguridad. Muchos plastificantes emergentes presentan posibles propiedades disruptoras endocrinas y presentan tendencias de bioacumulación similares a las de los ftalatos, lo que indica que podrían no ser sustitutos adecuados. Además, la falta de estudios exhaustivos sobre su metabolismo y sus efectos a largo plazo pone de relieve la urgente necesidad de más investigación.

A medida que el mercado de plastificantes continúa creciendo, es fundamental priorizar el desarrollo de alternativas más seguras que no presenten los mismos riesgos para la salud y el medio ambiente que los plastificantes tradicionales. Mediante una mayor investigación, la supervisión regulatoria y el cumplimiento de un protocolo de sustitución con base científica, se pueden minimizar los riesgos de una sustitución desafortunada, garantizando así un futuro más seguro tanto para la salud humana como para el medio ambiente.


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